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lunes, 4 de febrero de 2013

LA TRAGEDIA DEL PECADO


"En la armonía eterna, pecar es disonancia;
pecar proyecta sombras en la blancura astral.
El justo es una música y un verso,
una fragancia y un cristal".








Era para temer. A cualquier hora del día o de la noche escuchábamos de la casa que daba a nuestro patio trasero unos rugidos y gruñidos muy extraños. ¿Sería un animal salvaje? Y si no, ¿qué sería? En algunas ocasiones se podía oír con claridad gritos y amenazas y hasta pedidos de auxilio proferidos por ¡os tres miembros de la casa : la madre del hogar y sus dos hijos, el mayor de 23 y el menor de 18 años de edad. Una calurosa tarde de verano la vecina nos llamó a mi esposa y a mí por sobre la cerca. Su rostro reflejaba una gran ansiedad. Entre lágrimas reveló su gran secreto, su pavoroso secreto. No era asunto de drogas, ni tampoco de borracheras. Los gritos y peleas entre sus dos hijos no eran causados por mujeres. Según ella era por algo mucho peor. Su hijo menor estaba endemoniado. Desde tiempo atrás el demonio se había posesionado de él en forma brutal. Y así la madre contó el drama de ese hijo. Se había criado como un niño cristiano. Pero siendo un jovencito dejó su hogar y su terruño, y estando lejos y solo cometió muchas faltas y un gran error: empezó a asistir a sesiones de espiritismo. Y su vida se trastornó con vicios e ideas extrañas. De pronto pareció haber enloquecido. Se tornó violento, y repetidamente quiso quitarle la vida a su hermano. Luego de esos accesos, durante los cuales rugía como una fiera, entraba en un estado de trance, con la mirada perdida en el infinito.

¿Qué hacer? La madre imploró que orásemos por su hijo, para que se hiciese el milagro. Anhelaba con toda el alma que el Dios Todopoderoso liberase a su hijo de las garras del demonio. Después de formar una cadena de oración entre centenares de creyentes por dos semanas, tres ancianos de la iglesia y siervos de Dios rodeamos al joven para implorar la misericordia divina sobre él. Leímos promesas poderosas de la Biblia y rogamos la presencia del Espíritu Santo. De pronto el joven entró en trance. Su mirada perdida y la espuma por la boca indicaban la presencia de las fuerzas del maligno. Sin embargo Jesucristo ganó la victoria, Al invocar con humildad y fervor su nombre glorioso, el joven quedó completamente libre del demonio. Fue sanado en forma definitiva. Hoy es un cristiano radiante, una persona de éxito y un padre y esposo ejemplar. Y su madre es la mujer más feliz de la tierra.

¿Existe Satanás? Hay muchas personas que niegan su existencia. Consideran que se trata de una simple fantasía, de un mito simbolizado como una criatura macabra y grotesca, que empuña un tridente o gigantesco tenedor con el cual puede sujetar a las almas en el presunto infierno. En forma aún más atrevida, hay quienes afirman que el diablo ha muerto. Lo ha matado, dicen, el adelanto de nuestra cultura y de nuestra civilización. ¿Pero será cierto que Satanás no existe? ¿Quién sino él siembra la envidia, la mentira, la calumnia, la lujuria, el odio y el egoísmo? ¿Por qué hay un número creciente de personas que rinden culto a los demonios, e invocan sus poderes por medio de la magia, el vudú, el espiritismo y los rituales del satanismo? ¿Por qué se multiplican los crímenes, abusos sexuales, maltrato de criaturas inocentes, escándalos políticos, comercio de drogas, etc.? 

Nos lamentamos muchas veces por la situación en que vivimos, pero, ¿nos ha preocupado saber si hay una causa común y general para todos los males que sufrimos individualmente y que sufre la humanidad.

 Un hombre oraba continuamente a Dios así: "Oh, Señor, quita las telarañas de mi vida. No puedo ver. Apártalas de mí". Un amigo que lo oyó un día, le dijo: "Dime, en lugar de pedirle a Dios que quite las telarañas de tu vida, ¿no sería mejor matar la araña?" Y bien, ¿quién es el que teje a nuestro alrededor tanta corrupción, tanta telaraña malsana? ¿Quién es la "araña" que oscurece nuestra visión moral y espiritual? ¿Cuál es la causa de todos nuestros males, del dolor, del crimen, del odio, de la impiedad, de la muerte?

La Biblia, la única fuente autorizada sobre el origen de todas las cosas, nos dice que el causante del mal y sus dolorosas consecuencias es Satanás, cuyo nombre significa adversario, Es el gran enemigo del hombre y el implacable enemigo de Dios.


Satanás no es un personaje imaginario. En la Biblia y en especial en los Santos Evangelios, se lo describe corno un ser real. Jesucristo, cuyo testimonio nadie debe ignorar, en varias ocasiones conversó con Satanás, lo reprendió, lo vio, y lo desenmascaró tal cual es. Por ejemplo:

♦ En el monte de la tentación: Antes de iniciar su ministerio redentor, Jesús fue al desierto donde permaneció orando y ayunando por cuarenta días. Había ido en busca de fortaleza espiritual, a fin de poder cumplir su misión. Y justo al cabo de ese tiempo, cuando Cristo se encontraba exánime, apareció el tentador y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan" (S. Mateo 4:3). Jesús necesitaba comer. Pero según Satanás también debía convertir las piedras en pan para demostrar que era Hijo de Dios. Si así lo hubiera hecho, habría aceptado la duda que el enemigo lanzó sobre su origen divino. Pero Jesús respondiendo dijo: "Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (S. Mateo 4:4).

La victoria de Jesucristo sobre Satanás fue total. Con las armas de la fe en la Palabra de Dios, de la humildad y el dominio propio, Jesús venció la tentación del apetito y el orgullo, y las subsiguientes tentaciones con las que el enemigo quiso derrotarlo. Al concluir la prueba, con valentía Cristo lo increpó diciendo: "Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás. El diablo entonces le dejó" (S.Mateo 4:10-11). El monte de la tentación se transformó en el monte de la victoria. Las armas de la luz disiparon las tinieblas. Cristo, aunque agobiado por la prueba, derrotó por completo a Satanás.

♦ En los atrios del templo una mujer había sido descubierta en adulterio y sus acusadores estuvieron a punto de apedrearla. Pero la misericordia de Jesús se manifestó en favor de María Magdalena, a quien le dijo con amor: "Ni yo te condeno; vete, y no peques más" (S. Juan 8:11). Momentos después Jesús dirige a los escribas y fariseos estas severísimas palabras: "Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira" (S. Juan 8:44). Aquí Jesús desenmascaró por completo a Satanás. El diablo es el primer homicida, es el primer mentiroso. Es el padre, el origen de todo mal. Y es el que instila, siembra y difunde lo malo en la mente y corazón de los seres humanos.


¿Por qué creó Dios al diablo? De acuerdo con las Escrituras, es muy claro que Dios no creó al diablo. El Hacedor del universo creó a un ángel santo y perfecto, el cual sin ningún justificativo se degradó a sí mismo para convertirse en el origen del mal.

♦ ¿Por qué creó Dios al diablo con posibilidades de pecar?
Necesitamos comprender que Dios creó seres inteligentes, dolados de libre albedrío, con libertad de elección para que pudiesen rendirle un servicio espontáneo y voluntario, y no un servicio obligado.  Desgraciadamente, Satanás hizo mal uso de su libertad, quebrantando la honrosa posición y el glorioso destino que Dios le había reservado.

♦ ¿Por qué Dios no lo destruyó inmediatamente después que se convirtió en un rebelde?
 Al analizar este difícil problema, una pluma inspirada declara que Satanás había lanzado la acusación de que Dios era injusto y que sus leyes no podían cumplirse. Por lo tanto, si Dios lo hubiese destruido enseguida, los demás seres creados habrían considerado que Dios era arbitrario e intolerante. Se necesitaba tiempo para que el carácter divino fuese vindicado, y e! de Satanás quedara plenamente descubierto.

Todo aquel que consienta el pecado, afronta un riesgo mortal. Lo ilustra la historia de un hombre que tenía en su casa una boa que había recogido desde muy pequeña. No sólo la había domesticado sino que le había enseñado a enroscarse y desenroscarse en torno a sí mismo. El animal creció hasta alcanzar unos 5 metros de longitud. Ya tenía suficiente fuerza como para deshacer a cualquier individuo. Pero su amo repetía el peligroso experimento, confiado en que la serpiente le obedecería. Alguien le advirtió que alguna vez la boa no se desenroscaría de su cuerpo y lo estrangularía. El hombre contestó que eso no sucedería, porque la había criado desde pequeña y estaba bien amaestrada. Pero llegó el día trágico cuando el animal no obedeció las órdenes de su amo y lo destrozó en un abrazo mortal.

Por intermedio de "la serpiente antigua", Satanás, el pecado se introduce insidiosa y engañósamente en la vida del ser humano, Ofrece aventuras y placeres desconocidos. Pero su verdadero resultado es el remordimiento, la tristeza y a! fin la muerte. Eso es lo que ocurrió con Adán y Eva, y lo que ocurre con toda persona que cae en el abismo del pecado. El abismo causado por el pecado es insondable. Dice la Biblia: "Porque la paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23). ¿Podría existir otra condena peor para el ser humano pecador?


¿Qué es el pecado?
Es la enfermedad moral más antigua y dolorosa del mundo, que destruye en el hombre la capacidad de hacer bien y que causa un abismo entre el ser humano y Dios. La Biblia presenta tres conceptos acerca del pecado:

Transgresión: Significa una deliberada violación de la ley de Dios, un acto voluntario de desobediencia. Dice San Juan: "Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley" (1 S. Juan 3:4). Cada vez que una persona traspasa algunos de los mandamientos que prohíben robar, mentir, cometer adulterio, etc., comete un pecado.

Iniquidad: Se refiere no a un acto malo, sino al estado o condición pecaminosa del ser humano. No nos convertimos en pecadores debido a las faltas que cometemos; antes bien, caemos en faltas porque somos pecadores. Lo que somos es aún más grave que lo que hacemos. Y la Biblia enseña que somos pecadores desde que nacemos. La ley del pecado está entretejida en nuestras vidas (Romanos 7:23). El salmista David confesó: "He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre" (Salmo 51:5).

Pecado: La palabra pecado deriva del término "hamartía",usado en el idioma griego del Nuevo Testamento, y que significa "errar el blanco". Se describen así nuestros fracasos, nuestra incapacidad para alcanzar la meta de rectitud que nos hemos propuesto alcanzar como padres, madres, hijos, esposos, vecinos. Y sobre todo subraya nuestra incapacidad de alcanzar el elevado blanco que Dios ha trazado para sus hijos. Dice el apóstol: "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23).

Cualesquiera sean nuestros buenos propósitos y decididos esfuerzos, estamos muy lejos de alcanzar la gloria, la santidad de Dios. Estamos en un abismo, el abismo de la iniquidad y del pecado. Necesitamos
socorro.


Desastre total
¿Quién no desea salvarse del azote de una terrible epidemia? Ante la amenaza de la tuberculosis, el cáncer, los males del corazón, el SIDA y otras enfermedades mortales, esperamos que cada uno de nosotros y todos los miembros de la familia, nos veamos libres de esas dolencias. ¿Pero qué alcance tiene la enfermedad del pecado? Dice Isaías: "Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente" (Isaías 1:5). Y agrega el apóstol Pablo: "Como está escrito: No hay justo, ni aun uno" (Romanos 3:10). El desastre es total. La contaminación cubre toda la tierra. A diferencia del smog o humo que envuelve las grandes ciudades del planeta, la enfermedad moral del pecado se ha extendido por todo lugar y afecta a toda persona. Niños y ancianos, ricos y pobres, hombres y mujeres, los cultos, la gente ignorante, los estadistas, los religiosos... todos, todos, todos somos pecadores. Y necesitamos auxilio.

Hay esperanza
Afortunadamente, la Biblia nos asegura que hay esperanza para nosotros pecadores: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (S. Juan 3:16). "Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido" (S. Lucas 19:10). A través de la obra de Cristo descubrimos "que aunque el odio que Dios siente por el pecado es tan fuerte como la muerte, su amor hacia el pecador es más fuerte que la muerte" (El Deseado de todas las gentes, p. 39). Pero el rescate que Cristo obró en favor de la raza humana fue hecho a un precio muy alto.

Dr. Milton Peverini




viernes, 1 de febrero de 2013

¿PARA QUÉ FUE ESCRITA LA BIBLIA?

















♦ Para darnos esperanza- La Biblia es el único libro que nos enseña con claridad el camino hacia el cielo. Sin él, la vida sobre este mundo perdería todo significado. Nos ofrece una visión optimista del futuro; nos indica qué es lo que sobrevendrá a este planeta. Nos enseña el porqué de la muerte y el dolor y también explica qué sucede con e! ser humano después de morir. Sin la Biblia nos agobiarían el caos y la desesperación en una medida infinitamente mayor a ia que hoy reina sobre la tierra. La Biblia fue escrita, para "que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza" (Romanos 15:4).

  ♦ Para darnos fe. ¿De dónde viene la fe? "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Romanos 10:17). En este mundo plagado por la duda, la incertidumbre, el escepticismo y el ateísmo, gracias a la Biblia el alma se ilumina con la antorcha gloriosa de la fe. Así ocurrió con una pareja de ateos, que en un acto de honestidad se atrevieron a leer la Biblia. Al completar su lectura dijeron en alta voz: "Si este libro es verdad, nosotros estamos equivocados. Dios existe". Luego de leerlo por segunda vez, dijeron con verdadera ansiedad: "Si este libro es verdad, nosotros somos pecadores y estamos perdidos". Pero al volverlo a leer con humildad, ambos esposos exclamaron con regocijo: "Si este libro es verdad, estamos salvados porque Cristo murió por nosotros".

  ♦ Para darnos gozo. Dijo el profeta Jeremías: "Fueron halla das tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón" (Jeremías 15:16). Y el gozo que tuvo el profeta lo disfruta toda persona que se alimenta con el bendito pan espiritual que es la Palabra de Dios.

  ♦ Para comprender y recibir la verdad. En el Libro de Dios se presenta en forma clara y sencilla la verdad, única y eterna, contra la cual se estrellan todas las opiniones y teorías humanas. Allí está la verdad acerca de Dios y acerca del hombre. Y esta última duele porque nos muestra que somos de barro, llenos de defectos. Pero cuando la verdad contenida en la Biblia es aceptada con humildad, se cumple el ruego de Jesucristo, quien exclamó: "Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad" (S. Juan 17:17).

  ♦ Para conocer a Jesús. Al referirse a los hechos o señales escritas en este libro, el apóstol Juan declaró que fueron escritas para "que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (S. Juan 20:31). La Biblia nos habla de Cristo. El es el centro de las Sagradas Escrituras. El es la esencia de cada parábola y enseñanza; él es el motivo y propósito de toda profecía. El es la perla de gran precio, es la puerta y es el pan; él es el Buen Pastor de las ovejas, es el divino Cordero de Dios... Cristo es el tesoro escondido en todas las páginas de la Biblia. ¡Dichosos los que lo encuentran! Jesucristo es el Verbo, la Palabra viviente, que nos había por medio de la Palabra escrita, a fin de que nosotros lo conozcamos y alcancemos vida eterna. Este es su mandato: "Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí" (S. Juan 5:39).

Como resplandor de auroras en medio de las tinieblas de la vida, brilla la Luz del mundo, nuestro Señor Jesucristo. Pero para que ese resplandor ilumine nuestro sendero, debemos estudiar con fervor el mensaje viviente de las Sagradas Escrituras. El cristiano debe recorrer la senda sagrada de los escritores inspirados en busca del tema principal de sus revelaciones: el Señor Jesús. Cuando en la ciudad de Londres falleció un acaudalado hombre de negocios, sorprendió su testamento. Le sobrevivieron sólo dos hijos. A su hijo Juan lo favoreció con tres casas y a su hija Silvia le dejó de herencia sólo una Biblia. Silvia impugnó e! testamento, aduciendo que su padre habría perdido sus facultades mentales al disponer de sus bienes, pues había cometido una tremenda injusticia. Pero por faltas de pruebas, el juez denegó la petición. Entonces Silvia le imploró a su hermano que le diese alguna de las casas. Pero el hermano hizo oídos sordos al reclamo.

 Pasaron algunos años y Silvia se fue hundiendo en la pobreza y la amargura. No podía perdonar a su padre que le hubiese dejado de herencia sólo una Biblia. Un día, descuidadamente abrió ese ejemplar de la Palabra de Dios. Y al hojearla, se deslizó de entre sus páginas un cheque a su nombre por la suma de 250.000 libras esterlinas, una suma equivalente a las casas que había recibido en herencia su hermano. Abrazando la Biblia y entre lágrimas de gratitud, Silvia exclamó: "Vivía como una miserable, teniendo esta gran riqueza entre mis manos".

La Biblia ha llegado a nuestras manos, ¿qué haremos? ¿La recibiremos como una herencia de Dios para nosotros? En su sentido más profundo, la Biblia es una carta de amor que nos envía desde el cielo nuestro Padre celestial. Su mensaje tierno y santo está dirigido a nuestros corazones, para darnos esperanza y valor.

lunes, 22 de febrero de 2010

ORIGEN DIVINO DE LA BIBLIA


¿Qué pruebas nos dan la seguridad de que el Dios Todopoderoso es único y verdadero Autor de las Sagradas Escrituras? Consideremos algunos hechos reveladores:

Unidad y armonía de su contenido. La Biblia es un conjunto de 66 pequeños libros escrito por unas 40 personas a lo largo de 1.500 años. La mayoría de los escritores no se conocieron entre sí. Vivieron en épocas diferentes y pertenecieron a culturas distintas.

A pesar de esas circunstancias, los escritos de todos armonizan en forma magistral. Con diferencias de estilo, todos hablan del mismo Dios, todos exaltan las mismas normas de conductas y todas coinciden en presentar el tema básico de la Biblia, que es el amor divino hacia la humanidad. Esta unidad de pensamiento y propósito sólo e explica al aceptar que el mismo Dios los inspiró a todos por igual.

Su permanencia. Declara el profeta: “Secase la hierba, marchitase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (Isaías 40:8).

Así es. “El imperio de César ha pasado; las legiones de Roma ya están en el polvo; los aludes que Napoleón despeñara sobre Europa han desaparecido; el orgullo de los faraones está abatido. La tradición ha cavado para la Biblia un sepulcro; la intolerancia ha encendido muchas piras; pero la Palabra de Dios permanece todavía”. Y siempre habrá de permanecer, porque proviene de Dios, quien vive por la eternidad.

Su carácter profético. Se estima que más de 6.000 versículos bíblicos contienen profecías o preanuncios del futuro, los cuales se han cumplido a su debido tiempo y otros están en vías de cumplirse.

Una de las profecías más admirables anticipa la venida de Jesús a esta tierra como el Mesías y Salvador del mundo. Predijo su nacimiento virginal, su vida milagrosa, su muerte, su resurrección y ascensión a los cielos.

Con más de 500 años de anticipación, el profeta Miqueas indicó que Cristo Jesús nacería en el pueblo de Belén. Y el profeta Isaías, 700 años antes de la llegada del Mesías, declaró que este nacería de una virgen.

¿Quién, sino el Dios Todopoderoso puede descifrar el futuro y dar así seguridad al corazón?

Su mensaje es para todos. La Escritura es el libro universal dirigido al corazón del hombre por el único que puede entender cada uno de sus anhelos. Su contenido responde a las necesidades de todo ser humano.

En la Biblia hay palabras sabias para el joven, el niño, el adulto y el anciano. Hay palabras oportunas para el pobre, para el rico, para el adolorido o para el que está contento.

Francisco E. Estrello declaró: “La Biblia nos habla hoy porque tiene un mensaje viviente: es el mensaje de Dios para la humanidad, y el hombre de hoy es el mismo de ayer, con sus mismas necesidades, con sus mismos problemas, con sus mismas angustias, con su misma urgencia de salvación de pecado. La Biblia nos habla hoy porque el Dios que se mueve entre sus páginas, es el Dios eterno que sigue buscando al hombre con la misma pasión redentora”.

Tiene poder para transformar. Al describir ese poder, el apóstol Pablo declaró: “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 S. Pedro 1: 23).

Esta influencia se manifestó de forma dramática en el caso de “Bounty”, el navío inglés cuya tripulación se sublevó en 1789, dando lugar a uno de los acontecimientos más notables de la historia del Océano Pacífico. Los nueve amotinados desembarcaron en la pequeña isla de Pitcairn. Uno de los marineros descubrió como hacer licor, y esto promovió vicios, contiendas y toda clase de males.

Al cabo de un tiempo, sólo quedaron un hombre, Alejandro Smith, unas pocas mujeres y algunos niños en la isla. Entonces Smith se interesó en la Biblia que habían sacado del barco antes de destruirlo. La leyó y comenzó a compartirla con el grupo.

¡Y se produjo el milagro! Fue como si todas aquellas personas hubiesen nacido de nuevo. El año 1803, al llegar a la isla el navío Topaz de la marina norteamericana, encontró en ella una comunidad próspera y feliz, sin cárceles ni delincuentes: una comunidad cristiana que aún hoy vive los principios de la Biblia.

Sí, las Sagradas Escrituras son poderosas para transformar al ser humano. Sus ideas, verdades y promesas revolucionan la mente y tocan el corazón. Imparten la vida que viene de Dios. Hablando de ese poder, el apóstol Pablo dice lo siguiente: “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y que penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12).

Dr. Milton Peverini

lunes, 1 de febrero de 2010

LUZ GIGANTE


Para mí fue una gran aventura entrar a las famosas cuevas o grutas subterráneas de Cocahuamilpa, cercanas a la Ciudad de México. El guía fue señalando las diversas estalactitas y estalagmitas, esas protuberancias caprichosas y atrayentes que pendían de la bóveda de la caverna o que sobresalían del suelo. El sendero era angosto y resbaladizo.

De pronto, tras una breve advertencia, el guía desconectó el sistema de iluminación. Sentimos inmediatamente el peso de la más densa oscuridad. Las sombras se tornaron impenetrables. Comprendimos que sin el auxilio de una lámpara o linterna, sería imposible para cualquier persona alcanzar la superficie de la tierra. Los intrincados laberintos y recovecos de la gruta, constituían una trampa sin escapatoria. Felizmente, en seguida se encendieron las luces.

La mayor necesidad que tiene el ser humano, es de una luz que ilumine su existencia. Las sombras más angustiosas, no son las que impiden nuestra visión física, sino las que anulan nuestra visión espiritual. Con frecuencia, la senda de la vida se complica de tal forma, que no sabemos cuál debe ser nuestro próximo paso. Azotados por la confusión, se paraliza nuestra mente sin saber a dónde ir. Y se levantan las grandes preguntas: ¿Por qué vivo? ¿Cuál es mi destino y el futuro de este mundo? Si Dios es bueno, ¿por qué hay tanto dolor y sufrimiento? ¿Qué debo hacer para lograr la paz y el éxito en mi vida?


Frente a todas estas dudas que ensombrecen el alma, hay una respuesta inspirada que presenta la luz indispensable para todo ser humano. Es la que señala el salmista David al decir: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmos 119:105).

Sí, la Palabra de Dios es la gran fuente de luz espiritual. Es el único libro que resuelve los grandes dilemas del ser humano. Es el libro de las respuestas.

El reconocido historiador César Cantú declaró: “Observamos que la Biblia es el libro de todos los siglos, de todos los pueblos y de todas las situaciones; que tiene consuelo para todos los dolores, cánticos de alegría para todos los placeres, verdades para todos los tiempos”.


Y Gabriela Mistral, la poetiza chilena laureada con el Premio Nobel de Literatura, escribió en un ejemplar de la Biblia las siguientes palabras: “Libro mío, libro en cualquier hora, bueno y amigo para mi corazón, fuerte, poderoso compañero”.

La grandeza, la hermosura y el valor de las Sagradas Escrituras, han sido ensalzados por incontables escritores, estadistas, religiosos y hombres de ciencia. Pero el dulce cantor de Israel, el salmista David, lo hizo en forma insuperable: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos” (Salmo 19: 7,8).


Dr. Milton Peverini.

lunes, 25 de enero de 2010

REALIDADES ASOMBROSAS



El primer fenómeno que destacamos, es el movimiento que existe en todo el orden natural. Desde los mundos que vuelan vertiginosamente en el espacio, hasta la hierba que crece insensiblemente bajo nuestros pies, nada está inmóvil o inerte. Todo se mueve en una o en otra dirección. ¿Cómo y cuando comenzó el movimiento? ¿Quién dio a los átomos el impulso para formar la materia? ¿Quién imprimió a los astros y planetas el fantástico movimiento que los sostiene en el espacio sideral?

La segunda realidad asombrosa, es un misterio aún superior al movimiento. Ese algo misterioso se llama vida. Nunca se ha podido analizar la vida. Nadia ha podido encontrarla en las probetas de un laboratorio. Los químicos nunca han encontrado su origen. Aunque el ser humano ha construido maquinarias extraordinarias, ningún sabio ha podido generar la vida en la más pequeña y simple de las semillas. ¿Qué es la vida? ¿De dónde procede? ¿Cuándo comenzó a manifestarse sobre la tierra?

Existe, además, un tercer fenómeno fundamental, que junto con el movimiento y la vida son pruebas innegables de la existencia de Dios. Este fenómeno extraordinario es la facultad que tiene el ser humano de pensar. ¿Qué es el pensamiento? ¿Cuál es su origen? ¿Cómo se explica su existencia en un mundo simplemente material? Hasta donde se conozcan las propiedades de la materia, ésta no es capaz de pensar. Ninguna roca, ni un libro, ni un papel, ni cualquier otro objeto, han manifestado jamás la capacidad de pensar. Sólo el hombre tiene la facultad de razonar y de actuar de forma inteligente. Sólo él establece sistemas filosóficos, idealiza, crea, inventa. ¿De dónde obtuvo esta facultad extraordinaria? Hay una sola respuesta. La única explicación lógica y posible es que el ser humano recibió la luz de la razón de un Ser inteligente y superior. Y ese ser es el Dios Creador que hizo al hombre a su imagen y semejanza.

El Supremo Creador manifiesta su amor y poder en todo el universo: en el espacio infinitamente extenso, donde se mueven estrellas y planetas y también en los 30 trillones de minúsculas células que componen el ser humano. Él está dentro y fuera de nosotros. Él es el origen de todas las cosas, es la Causa Primera, el Arquitecto y Diseñador.

Pero además de ser el Creador, Dios es el amante Padre celestial. En virtud de su amor, él sostiene nuestro mundo y el universo entero, a fin de asegurar la subsistencia y el bienestar de sus criaturas. De este Padre bendito, Jesucristo dijo que: “hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”. (S. Mateo 5:45).

La grandeza del amor del Dios omnipotente, el Creador y Sustentador de todo, el Magnánimo Padre Celestial, alcanza su expresión infinitamente sublime y misteriosa, en la verdad que fluye de las siguientes palabras del Evangelio: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”. (s. Juan 3:16).


Dr. Milton Peverini

domingo, 13 de diciembre de 2009

UN AMOR QUE MUEVE EL SOL Y LAS ESTRELLAS


La contemplación y estudio del espacio, se ha tornado cada vez más fascinante. Aunque los mejores telescopios sólo alcanzan a vislumbrar una mínima fracción del universo, se ha podido descubrir que existen una cantidad innumerable de galaxias, cada una de las cuales está constituida a su vez por millones y más millones de astros.

A su vez las galaxias están compuestas por sistemas, con una estrella central y una cantidad de planetas, satélites, asteroides y cometas que giran en torno de ellas. Nuestro planeta Tierra, junto con Neptuno y otros planetas, pertenece al sistema solar.

En una aventura espacial sin precedentes, en agosto de 1989 el explorador del espacio Voyager II logró cumplir su gigante travesía hasta el planeta Neptuno. El recorrido del Voyager II fue de más de 6.000 millones de kms. por una ruta única, a fin de visitar cuatro de los planetas externos de nuestro sistema solar: Júpiter, Saturno, Urano y el aún más lejano, Neptuno.

El Voyager II ha enviado datos científicos que totalizan más de 5 billones de unidades, suficiente para llenar 6.000 colecciones de la Enciclopedia Británica. La asombrosa exactitud del proyecto se realza al saber que el Voyager II siguió una trayectoria diseñada por computadora y meticulosamente planeada por varios años y después de recorrer seis mil millones de kms. hasta Neptuno, se había desviado apenas unos 35 kms.

Impresiona en todo esto la inconcebible vastedad del espacio. El viaje del Voyager II fue relativamente corto, a pesar de ir a una velocidad de 97.600 kms. por hora. Apenas alcanzó a tocar una esquinita del universo. Los científicos predicen que el Voyager II, mientras continúe en el espacio, llegará a la estrella Ross 248 alrededor del año 42.000. Dentro de 296.000 años se estará acercando a Sirio, la conocida estrella del Can mayor. ¡296.000 años a 97.600 kms. por hora, sólo para asomarse al vecindario de la estrella más cercana!

En medio de los notables logros y descubrimientos científicos, ¿olvidamos tal vez el Poder que puso allí estos planetas? El Voyager II fue una tremenda hazaña. Pero ciertamente fue más grande el acto de colocar en órbita esos inmensos planetas. ¿Cómo fueron formados? ¿Qué fuerza los mantiene firmes en el espacio? ¿Quién creó todo esto?

La respuesta la encontramos en el primer versículo de la Biblia, que dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). ¿No es claro esto? Dios lo creó todo. Todos nuestros planetas, nombrados arbitrariamente en honor de dioses paganos _ Mercurio, Júpiter, Neptuno _ fueron creados por la palabra poderosa del Dios infinito.

Los milagros humanos de exploración espacial sólo sirven para exaltar el milagro más grande de la historia, la creación descrita en el génesis. Este maravilloso universo, con sus estrellas, constelaciones y galaxias, cuyo tamaño se mide en incontables años luz, señala a un Creador. El hecho de que las órbitas estelares sean matemáticamente exactas, no sólo en cuanto a su recorrido, sino a su velocidad y su precisión, nos habla de un Dios que no sólo creó las estrellas y los planetas, sino que los dirige en sus órbitas con un orden admirable. Revela orden, inteligencia, designio y poder extraordinarios.

En forma jubilosa declaró el salmista David: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmos 19:1). O sea que el espacio estelar revela el carácter y la naturaleza de Dios. El universo infinito, tanto en el tiempo como en el espacio, proclama a un Dios que no comenzó nunca, ni jamás va a terminar. Es eterno. Y a semejanza del universo que es infinito en el espacio, el Creador del universo es omnipresente. Él llena los cielos y la tierra. Y por encima de todo, la belleza, permanencia y armonía del universo nos hablan de un Dios infinitamente sabio y bondadoso. Sí, el amor de Dios es el que mueve el sol y las estrellas.


Dr. Milton Peverini García

domingo, 22 de noviembre de 2009

MONUMENTO AL AMOR


No hay lenguaje más hermoso que el del amor. El poder del dinero, del conocimiento, o cualquier otro recurso material o espiritual, son insignificantes en comparación con la fuerza del amor.

El Taj Mahal, que resplandece junto al río Jumna, en la llanura de Agra, India, es la pieza arquitectónica más celebrada del mundo. Esta magnífica obra de arte surgió como resultado de una relación nada común, entre un antiguo emperador, llamado Shah Jahan, y su amada esposa, Muntaz Mahal. En una época en que los casamientos reales eran casi siempre realizados por interés, estas dos personas unieron sus vidas por amor.

Fue en ocasión de una fiesta real que Jahan se enamoró de Muntaz. Pidió su mano en matrimonio y fue aceptado. Una vez que se casaron, se volvieron inseparables. Los poetas de la corte escribieron que la belleza de Muntaz hacía que la luna se escondiera avergonzada. Pero Jahan apreciaba a su amada por mucho más que su belleza física. La joven era tan inteligente que pronto se convirtió en su más apreciada consejera. También era generosa y compasiva.

Corría el año 1631. Movida por el afecto, la reina insistió en acompañar al Shah a una campaña militar contra fuerzas rebeldes en el sur de la India, a pesar de que ella se encontraba encinta. Fue durante esa campaña que aconteció la tragedia. Después de dar a luz a su decimocuarto hijo, Muntaz falleció. El Shah Jahan se sintió devastado. Su compañera inseparable durante 19 años, había fallecido. Se encerró en su cámara y se negó a comer. Durante ocho largos días permaneció en cama, gimiendo de angustia. Cuando por fin se levantó, era un hombre envejecido.

El amor de su vida había desaparecido. Ese amor que parecía eterno, le había sido arrebatado. Pero el gobernante halló una forma de inmortalizarlo. Decidió erigir un mausoleo para su esposa, que fuera tan hermoso como su amor. Bajo su dirección, un concilio de arquitectos de la India y de Persia, y más de 20.000 operarios, se dedicaron a la planificación y construcción de este palacio que demoró 22 años en completarse.

Así fue como Jahan construyó el Taj Mahal, monumento exquisito para guardar los restos de su esposa. La unión perfecta que había existido entre ambos había sido destruida, pero Shah Jahan se aseguró que en los siglos venideros fuese recordada por medio de esa bellísima estructura.

Todos podemos construir un palacio movidos por el amor. Como seres humanos, hemos sido creados para amar y ser amados. En este mundo que se caracteriza por relaciones estropeadas, podemos echar mano de componentes irreemplazables para edificar un hogar y una vida que sean monumentos al amor verdadero.

El amor se manifiesta en formas muy diversas. Así como un rayo de luz se fragmenta y proyecta en variados colores al pasar a través de un prisma, de igual modo cuando el amor se introduce en la vida, se manifiesta de muchas maneras.

En el llamado Salmo del amor, San Pablo describe este don del siguiente modo: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” (1 Corintios 13: 4-8).

“El amor no busca lo suyo”. La tendencia natural del ser humano es satisfacer primero el yo, luego el yo, y siempre el yo. Pero impulsado por el amor, se produce un cambio fundamental. Se ama a los demás como a uno mismo. Como dijera Douglas Cooper: “Amar es usar el poder de elegir dado por Dios, para decir o hacer lo que es para el mayor provecho, y para el mayor bienestar de otra persona”. ¿Y quién podría ilustrar mejor esta virtud que una madre? Cuando las Sagradas Escrituras procuran dar una idea aproximada del amor de Dios, lo compara con el amor de la madre. Sólo este amor nos da una vislumbre de la misericordia con que nos ama nuestro Padre celestial. Es un amor que nunca muere, libre de egoísmo, que lo da todo sin pedir nada. Aunque el hijo sea indigno de su cariño, la madre lo seguirá amando.

El amor verdadero siente más la necesidad de dar que de recibir. El lenguaje de amor es muy hermoso. Cuando el amor ilumina el corazón, la vida se torna fecunda y abnegada. Entonces se producen genuinos milagros. Pero por encima del amor humano, existe un amor tanto más sublime como dista el cielo de la tierra, un amor que alcanza una dimensión cósmica. Disfrutar de ese amor es la mayor aventura y bendición.

Dr. Milton Peverini García

viernes, 20 de noviembre de 2009

DEL ABISMO A LA GLORIA


Multitudes de personas se sienten atraídas por los abismos insondables que existen en las entrañas de la tierra o en las profundidades del mar. En las cavidades de la tierra predomina una oscuridad aterradora. El aislamiento es aún más aplastante en lo que es la cueva más honda del planeta, con 1.225 metros de profundidad, en Francia, bajo los Alpes europeos. Y que decir de las profundidades del mar de 10.916 metros, cerca de la isla de Guam. El mensaje más impactante del abismo del océano, es el silencio, la total oscuridad y la absoluta falta de vida que reinan en el fondo del mar. ¿Pero cuál es el estridente mensaje que pregona el vasto e impresionante abismo de nuestro mundo moral y espiritual?

Iniciamos el recorrido hacia la altura, hacia el bienestar de la familia y de nuestra humanidad, reconociendo honestamente que este mundo se halla sumido en un terrible y profundo abismo. Se encuentra abrumado por una oscuridad aún más densa que la que existe en el fondo del mar o en las entrañas de la tierra.

El crimen y el odio se han desatado sobre la faz del planeta. Las pequeñas y grandes ciudades están gobernadas por las fuerzas de las tinieblas. El comercio de las drogas y el desquicio de los hogares son una de las pruebas más evidentes de que nuestra sociedad se ha desbarrancado a un desastre moral. Y lo que es peor, al ser humano le ha faltado la capacidad o la voluntad de impedir esta caída.

La desesperanza ahoga las ganas de vivir de muchísimas personas. Se considera que desde el punto de vista espiritual, emocional, físico y médico, la dolencia del SIDA es una de las más mortales que jamás haya afectado a la raza humana.

¿A dónde vamos? Por motivos muy diferentes, multitudes de familias sienten que han caído en “un pozo”. Sus miembros no se entienden entre sí. La vida para ellos es sombría. Entre tanto, con independencia de lo que ocurre en el mundo o en el hogar, muchas personas miran hacia su interior, y se asustan. Se sienten como al borde de un abismo cargado de resentimientos y temores.

Ante todo esto, da gozo saber que para el Todopoderoso no hay hondura que él no pueda alcanzar con su mano amante. Por más profunda y dolorosa que haya sido nuestra caída y necesidad, Él tiene un plan infalible para sacarnos del abismo y conducirnos a su gloria; a la gloria de la felicidad de la vida abundante y eterna.

Estimado lector y apreciada lectora, con todo afecto le invito a recorrer el camino de la vida, tomado de la mano de Jesús. Con seguridad, Él nos conducirá Del Abismo a la Gloria.

Dr. Milton Peverini García