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domingo, 12 de noviembre de 2017

ORACIÓN











¡Oh, Señor! Al orar,
mis problemas quiero entregar,
a tu trono de gracia llegar
y tu bendición alcanzar.
Hoy mi vida transforma, Señor;
que mi mente entienda tu amor,
y al postrarme humilde ante ti,
¡oh, Señor, escucha mi oración!

“Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan nuestro de cada día. Perdona nuestras deudas, como nosotros también perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén” (San Mateo 6: 9-13).
“Señor, toma mi corazón; porque yo no puedo dártelo. Es tuyo, mantenlo puro, porque yo no puedo mantenerlo por ti. Sálvame a pesar de mi yo, mi yo débil y desemejante a Cristo. Modélame, fórmame, elévame a una atmósfera pura y santa, donde la rica corriente de tu amor pueda fluir por mi alma” (PVGM p. 124).

 “Tómame ¡oh señor! Como enteramente tuyo. Pongo todos mis planes a tus pies. Úsame hoy en tu servicio. Mora conmigo, y sea toda mi obra hecha en ti” (Camino a Cristo 60).

Te agradezco, Padre, por el don de tu Hijo amado, y la salvación que me das por medio de su sacrificio en la cruz. Gracias Señor por las pruebas que vienen a mí, porque en ellas puedo crecer y confiar en ti. Gracias por el don de la vida que me das en este día. Gracias por tu amor y justicia; por el abrigo y sustento diariamente recibido.

Te suplico que me des humildad, Señor, sabiduría, valor, y que me aumentes la fe. Te pido por el perdón de mis pecados y clamo a ti porque derrames en mí el don del Espíritu Santo. Dame un carácter como el de Cristo, salud y fuerza para hacer su obra. Dame el don de la salvación y pon en mí paz.

Quiero interceder en esta hora por mi familia, por mis hermanos en la fe, por mis amigos, compañeros y vecinos. Que tú tengas misericordia de cada uno de ellos, que obres en sus corazones mediante tu Santo Espíritu y derrames tu bendición.

“Ruego para que todas las imágenes negativas conocidas y desconocidas, las creencias insanas, los recuerdos celulares destructivos y todos los temas físicos relacionados con ____________ (el problema o tema suyo o de su ser querido) sean descubiertos y curados, llenándome [o llenando a ______ (nombre de la persona)] con la luz, la vida y el amor de Dios. También ruego para que la eficacia de esta curación se vea incrementada en cien veces más”.
“Envío todos los efectos de esta curación hacia mí (o nombre de la persona) con todo el amor”.

Al terminar, Señor, mi vida aquí,
mis ojos puedan sin temor cerrar,
y en mi glorioso despertar
que en ti
de paz eterna pueda disfrutar.

En el nombre de Jesús. Amén.




jueves, 10 de noviembre de 2016

LA ORACIÓN Y LA GANANCIA DE ALMAS

La oración. Elena de White. Capítulo 4: La oración y la ganancia de almas.

Al procurar ganar a otros para Cristo, llevando la preocupación por las almas en nuestras oraciones, nuestros propios corazones palpitarán bajo la vivificante influencia de la gracia de Dios; nuestros propios afectos resplandecerán con más divino fervor; nuestra vida cristiana toda será más real, más ferviente, más llena de oración.

Tenemos que ir a Dios con fe y derramar nuestras súplicas ante él, creyendo que obrará en nuestro favor y en el de otros a quienes tratamos de salvar. Hemos de dedicar más tiempo a la oración ferviente.

Elegid diariamente otra y aun otra alma, buscando dirección de Dios, colocando todo delante de él en oración ferviente y obrando en sabiduría divina. Mientras hagáis esto, veréis que Dios otorgará el Espíritu Santo para convencer, y el poder de la verdad para convertir el alma.

Cuando muera el yo, se despertará un deseo intenso por la salvación de otros, un deseo que llevará a esfuerzos perseverantes para el bien. Se sembrará junto a todas las aguas; y súplicas fervientes, oraciones importunas, entrarán al cielo a favor de las almas que perecen.

¡Oh, si se pudiera escuchar por todas partes la ferviente oración de fe: Dame las almas sepultadas ahora debajo de la basura del error, si no, muero! Traigámoslas al conocimiento de la verdad tal como lo es en Jesús.

Conversen los que son espirituales con estas almas. Orad con ellos y por ellos. Conságrese mucho tiempo a la oración y al profundo escudriñamiento de la Palabra. Obtengan todos los verdaderos hechos de la fe en sus propias almas, por medio de la creencia de que el Espíritu Santo será impartido a ellos porque tienen en verdad hambre y sed de justicia.

Estos días de preparación fueron días de profundo escudriñamiento del corazón. Los discípulos sentían su necesidad espiritual, y clamaban al Señor por la santa unción que los había de hacer idóneos para la obra de salvar almas. No pedían una bendición simplemente para sí. Estaban abrumados por la preocupación de salvar almas. Comprendían que el evangelio había de proclamarse al mundo, y demandaban el poder que Cristo había prometido.

Satanás está en vuestro camino. Es un adversario artero, y el espíritu maligno con que tropezáis en vuestro trabajo es inspirado por él. Aquellos a quienes él dirige se hacen eco de sus palabras. Si se pudiera descorrer el velo que cubre sus ojos, los que trabajan de esta suerte verían a Satanás ejerciendo todas sus artes para ganarlos para sí desviándolos de la verdad. En la tarea de rescatar almas de sus engaños, se realizará mucho más por medio de la oración humilde hecha con el espíritu de Cristo que utilizando muchas palabras sin oración.