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domingo, 27 de diciembre de 2009

EL VASTO DESCONOCIDO

"La Primera Guerra Mundial (1914-18), conocida también como la “Gran Guerra”, siendo la más grande de la historia (70 millones de combatientes, 16.2 millones de muertos) es, además, un ensayo general de aniquilación total. Ahí, debutan formas de pensar y de matar, que bien pueden llevar a una hecatombe nuclear:

1.- El uso de cuanta arma de destrucción masiva exista. Los avances de la ciencia, la intelectualidad, el mar, los recursos mineros, la industria, las juventudes del mundo, todo se pone al servicio de la guerra. Artillería pesada, gases venenosos, ametralladoras de tiro rápido, tanques, cargas de profundad y aviones, no bien salen de la fábrica y se lanzan a plena capacidad contra seres humanos. La primera bomba atómica, recordemos, la tiran, no por ser indispensable para que se rindiera luego un Japón en retirada, sino a causa del típico frenesí de probar ya, el nuevo juguete.

2.- La instauración de corporaciones financiero- militares que lucran con la guerra. Abastecer la máquina militar pasa a ser uno de los negocios más rentables y corruptos del segundo milenio. A igual que las tabacaleras y la droga, la industria armamentista se vale del soborno a políticos, de los medios audiovisuales, del rock y del terrorismo para incentivar la ingesta de su mercancía.

3.- La visión bipolar del mundo. Lo de nosotros, dueños del mundo, es perfecto, infinitamente justo e inapelable. Todo cuanto sea diferente, complejo o incomprensible va al tarro de la basura. Es la luz y las tinieblas, el bien absoluto y el mal total, aquellos que no están con nosotros, están en contra nuestra, es la consigna.

4.- La liviandad con que se inician guerras y la facilidad con que se propagan. Un ciudadano serbio de 19 años asesina al archiduque y su esposa en una calle de Sarajevo.
En represalia, el gobierno del imperio austro-húngaro invade militarmente Serbia. Rusia moviliza su ejército en defensa de Serbia. Al entrar Rusia, le corresponde intervenir a su aliado, Francia. Al involucrarse Francia contra el imperio, Alemania le declara la guerra. Para atacar Francia, el quinto ejercito alemán pasa por Bélgica. Inglaterra se ha comprometido a proteger a Bélgica, por lo que declara la guerra a Alemania. Estados Unidos solidariza con Inglaterra y Canadá con su vecino. Y así, al saltar la liebre cuando menos se piensa, a las semanas de un atentado callejero, el planeta se encuentra sumido en la primera y más grande masacre globalizada de todos los tiempos. ’Que no vuelva a haber guerra’, dicen los oradores en las conmemoraciones, ‘nunca más’.

Sobre el mar Ártico, al norte de Groenlandia, el 21 de enero de 1968, un bombardero Boeing B-52 Stratofortress de la United States Air Force, cargado con cuatro bombas termonucleares de hidrógeno que llevaba prestas a lanzarle a Rusia, comenzó a incendiase durante la maniobra de aproximación al querer aterrizar de vuelta en la base aérea de Thule.

La cabina de mando se llenó de humo, por lo que sus siete tripulantes decidieron saltar en paracaídas. El copiloto quedó enredado en su asiento, los demás salvaron y la aeronave, de ocho motores jet Pratt & Whitney, 48, 5 metros de largo, 56 de ancho, alas de 370 m² de superficie y capaz de llevar 31.000 kg. de bombas a un radio de combate de 7.210 km. terminó estrellándose a 12 km. al norte de la base.

La carga nuclear se dispersó, contaminando con radiactividad los hielos circundantes. A pesar de la trabajosa operación de limpieza emprendida por Dinamarca y Estados Unidos, en que participaron submarinos rastreadores junto a 700 técnicos, una de las bombas, a merced de las corrientes oceánicas, nunca fue localizada.

5.- La ampliación del concepto de enemigo más allá del combatiente mismo, hasta apuntar las armas directamente contra la infraestructura económica, la cultura (teatros, museos) y la población civil.

La modernización del odio sobrepasa el pillaje de la soldadesca cuando se invade un país. Son las operaciones sistemáticas tendientes a destrozar la civilidad, a la usanza de Lovaina, 1914, en que el quinto ejército del káiser fue fusilando a cada tantas familias por cuadra (de a tres niños en fondo para ahorrar municiones), incendiando cada casa, prendiéndole fuego con lanzallamas a cada sala de la Biblioteca Nacional y cañoneando las universidades e iglesias que encontraban a su paso.

Para que se entendiera la lección, la embajada de Alemania en Washington emitió un comunicado diciendo que tras “el ataque pérfido” (de unos estudiantes belgas), “Lovaina fue castigada con la destrucción de la ciudad”.

Siguiendo el ejemplo, Grozny fue castigada el 21-oct-1999 con una andanada de misiles balísticos que mató al instante a 118 personas, casi todas mujeres y ancianos de compras en el mercado central. Bagdad, la de las mil y una noches, bombardeada en marzo 2003 y Beirut en julio 2006, ataques todos perpetrados por Estados nucleares contra gente modesta…”

Por Pablo Huneeus

LA GENERACIÓN DE LOS 60 LLEGÓ A LOS 6O

Los críos que nacieron entre el fin de la II Guerra Mundial y el inicio de la de Corea fueron llamados, en Estados Unidos, baby boomers. Lo hicieron en medio de la insólita abundancia que trajo la colosal economía de guerra montada por ese país ya en 1943. En Europa sus equivalentes nacieron, en cambio, en medio de una horrible destrucción y pobreza; se criarían viendo el oscuro cine de la nouvelle vague y oyendo los ecos de una bohemia existencialista apestando a tabaco, a sobaco y a Jean Paul Sartre. En Rusia los baby boomers nacieron bajo el peso casi incomprensible de una generación previa completa, la de sus padres, incinerada o mutilada en los campos de batalla; lo hicieron, además, bajo la férula del dios del socialismo, el carnicero perfecto, José Stalin. Y en Asia, Africa, China y la mayor parte del mundo nacieron como lo habían hecho sus abuelos y tatarabuelos hasta la enésima generación, en la misma villa o poblado donde morirían 30 años más tarde.

Aun así, pese a las enormes diferencias, el que hubiesen nacido después de la guerra hizo pensar a muchos que esos niños de los 50 y luego esos púberes o ya jóvenes de los 60 traían en sus brazos no sólo marraquetas, sino también promesas inmensas. Cada nueva generación alimenta esa fantasía y aun más lo hace si llega luego de una hecatombe. Y en los 60 parecieron estar a la altura de ese sueño, aunque también de las pesadillas. Fue la generación que leyó a Kerouac y oyó a Presley, la que dio origen a los Beatles y a los hippies, pero también la que sustentó a las Brigadas Rojas, la que militó en el IRA y la que se zambulló en pútridas selvas sudamericanas a emboscar y asesinar a soldados tan miserables y piojentos como ellos, todo en nombre del "foco revolucionario".

En Chile los baby boomers fueron, casi todos, reformistas o revolucionarios. Era "papaya"(fácil) -expresión de dicha época- serlo. Se era revolucionario "conforme a la ley". Bastaba la pose, la vestimenta, el aire heroico, el póster del Che en la pieza, los bototos, las tomas, los discursos encendidos, la barba y cierta pestilencia derivada de muy escasas visitas a la ducha. Ni un solo dirigente político destacado de hoy dejó de ser parte de esa ópera. Pero, además, entre 1965 y 1970 los chicos y chicas de los 60 asociaron a la ruda revolución predicada por los barbudos las delicadas fragancias de la liberación femenina, del "let it be" y de la marihuana. Algunos comenzamos a usar chalas y nos dejamos crecer el pelo. ¿Para qué estábamos en el mundo? Para cambiarlo. ¿Qué veníamos a hacer a la Tierra? Pues a reparar las embarradas dejadas por toda la historia previa de la raza humana. He ahí, en pocas palabras, el espíritu de esos tiempos.

Lamentablemente, no hay manera de seguir siendo una promesa glamorosa cuando se llega a una edad sin otro porvenir que una eventual operación a la próstata. Los de la generación del 60 están cumpliendo o ya cumplieron 60 y dieron acabadas y convincentes muestras de la distancia abismal entre sueño y realidad, como por lo demás puntualmente lo hace toda generación, salvo que llegue un fabricante de mitos como Stephen E. Ambrose y diga otra cosa en su remunerativo best seller "Las banderas de nuestros padres". Sin duda, los pobres jóvenes yanquis reclutados a la fuerza para morir en Okinawa o en la playa Omaha eran tan miserables como cualquiera, pero la muerte ayuda a la leyenda, como lo hacen el tiempo y el olvido.

En Chile estos sesentones, en especial los situados en la política, no han sido menos ni hecho más que los caídos en esos campos de batalla, sólo que no cayeron sino sólo tropezaron de vez en cuando. Exagerado y falso hablar de ellos como de los "héroes cansados", tal cual hizo Marco Enríquez-Ominami por una racha de buena onda nacida quizás de cierto culto a su padre biológico. No fueron héroes a los 20 o 30, menos lo son hoy. A los 60 el mérito que pueda tenerse está a años luz de siquiera el sueño del activismo militante, salvo que se trate de viejos medios tontos que se obstinan en hacer trekking, levantar pesas y sumergirse en gélidas aguas a bucear mariscos. La virtud de un sesentón, si la tiene, es no agitarse tanto por nada y por lo mismo ser menos molestoso para el prójimo; los asaltos al Cielo y el "pedir lo imposible" es tontera de niños chicos.
Así pues, aquí estamos los sobrevivientes de los 60, ahora sesentones, los fulanos a quienes llaman "sesentones", tipos y tipas de canas o cabellera gris, ilustre ponchera, ojos cansados, trasero caído, sin ilusiones, a menudo separados o casados ya por segunda, tercera o hasta cuarta vez, con pitutos a medio morir saltando, algunas lecturas en el cuerpo, mucho trago en el buche, camionadas de recuerdos y sintiendo -perdón, Gardel- que no sólo 20 años, sino 40 y hasta 50 no son nada. Pero algo hicimos. Hubo genios y hubo pergenios, hubo logros y cosas malogradas. ¿Qué más se nos puede pedir? Quienes nos sucedan no serán mejores y quizás hasta sean peor.

Por Fernando Villegas

sábado, 19 de diciembre de 2009

FIESTAS PATRIAS, MES DE LA DROGA


No bien se anuncia en Chile la primavera, con sus días más largos y sus noches más cálidas, y empieza la ingesta en grande de bebidas embriagantes como el vino, la cerveza, la chicha, y el aguardiente o pisco.

Todas ellas traen como elemento activo el químico CH3CH2OH, líquido inflamable, volátil y de resonancia cerebral, también conocido como alcohol etílico o de beber.

Cualquiera sea su grado de concentración, “bouquet”, o aromatizante primario, la droga alcohólica afecta la coordinación físico-motriz (precisión, cálculo de distancia, equilibrio) y las funciones mentales de pensamiento lógico, percepción de riesgo, auto control e interacción social, la que en jóvenes se torna belicosa y en mayores, majadera.

Está presente en mucho crimen, accidente de tránsito, ruptura familiar, demencia precoz y degeneración del físico. De hecho, a lo largo de la historia no hay nada que haya degradado tanto a la raza chilena como el vino. Es mundialmente sabido el daño que inflige a la economía del país, según la Asociación Chilena de Seguridad, en uno de cada tres accidentes laborales está presente el alcohol, como seguramente lo está en mucha torpeza empresarial que se mantiene bajo cuerda.

Encima, su ingesta puede hacer a una persona física y psíquicamente dependiente del alcohol, sino guiarla de la mano a estupefacientes más alucinantes, como la cocaína y los fármacos derivados del opio.

La producción y tráfico de alcoholes da pie a una de las industrias más rentables y perversas del país. Las grandes viñas, pisqueras y cervecerías, junto a los importadores de vodka y whisky, buscan con premeditación y alevosía ocasionar la adicción a su mercancía en personas cada vez más jóvenes.

Es así como la edad de iniciación alcohólica va continuamente bajando, junto con extenderse ahora a la mujer y el hogar. Esto, en gran medida por obra de la presión publicitaria que ejerce la industria, la que se basa en la creciente aceptación social de que goza el alcohol en Chile. Por eso, son cada vez más frecuentes los adolescentes curados y las fiestas de colegiales y “viajes de estudio”, que terminan en ruidosas parrandas de copete y sexo.

Por su parte, el Gobierno de Chile y la clase política en general, lucra de los impuestos que brinda esta droga. Sus bufones la ofrendan en todos sus actos oficiales y edificios públicos. ¿Y por qué no la marihuana que es tanto más barata? Por eso mismo: el cáñamo es demasiado simple como para cobrarle el IVA.

Si somos los ingleses de Latinoamérica, es hora de aplicar las medidas que acaba de proponer al parlamento de Westminster el Ministerio de Salud de Inglaterra:

+ Prohibición absoluta de publicitar por cualquier medio las bebidas alcohólicas de todo tipo.

+ Término a la práctica de que traficantes de droga alcohólica auspicien eventos deportivos o clubes de fútbol.

+ Aumento de las horas de restricción a la venta de alcoholes en supermercados, cantinas y bares.

+ Hacer a la industria del alcohol asumir la responsabilidad civil (pago en plata) de los perjuicios que causa. En esta línea, así como ahora el que llama a una manifestación paga los daños, es hora de aprobar una ley por la cual quien incita al consumo de alcohol (viñas, medios de comunicación) indemniza a la policía, bomberos y ambulancias el costo de los operativos, de alto riego algunos, que debe desplegar a causa de que se tome.

Nota: si alguien sabe de una carretera sin conductores bajo el efecto del alcohol, de una “Semana de la Chilenidad” donde no exalten el vino, o de una fonda en que se ría y se cante con la mente despejada, por favor avise.

Dr. Pablo Huneeus

domingo, 17 de mayo de 2009

EL PODER DE LOS OTROS

Los amigos, y los amigos de los amigos, ejercen sobre nosotros una influencia que puede llegar a ser mayor que la de nuestras familias.

La felicidad es contagiosa y, como ocurre con la gripe, no importa si el portador del virus es su pareja o el amigo de su mejor amigo. Al revés, (y contra toda lógica aparente) el impacto positivo en su ánimo será mayor si quien está feliz es un partner del happy hour y no quien comparte su mismo techo.

Esta es la conclusión del estudio realizado por el médico social de la Universidad de Harvard, Nicholas Christakis, en una red de miles de amigos, parientes, vecinos y compañeros de trabajo que, desde 1948, se dedica a la investigación de enfermedades cardiacas. Christakis descubrió que los "extraños" (no familiares) ejercen sobre nosotros una influencia que puede llegar a ser más poderosa que la de nuestro núcleo íntimo.

Por ejemplo -sostiene el experto-, si un gran amigo que vive a kilómetros de usted se siente de pronto feliz, las posibilidades de que se contagie con su buen humor alcanzan un 60%, contra apenas un 10% si el dichoso es una persona que vive en su casa.
Es el poder de los otros o de los extraños o del "amigo oculto", como lo bautizó un artículo de la revista brasileña Galileu. Veamos cómo opera y qué alcances tiene esta dinámica social.

TRES GRADOS DE SEPARACIÓN
En ocasiones, las aves parecen ponerse de acuerdo para abandonar, en bandada, un lugar de anidación. ¿Ocurre algo similar cuando decidimos hacer, por ejemplo, una dieta? Según Christakis, sí. Después de todo, somos animales sociales.

Los investigadores llaman a este proceso "inteligencia colectiva de las redes". Un gran conjunto de fenómenos -disposición a votar por un candidato, el gusto por ciertas modas o la angustia por la crisis- es transmitido por los amigos a través de ondas concéntricas, como los círculos en el agua que provoca una pedrada. Eso sí, la influencia llega sólo a los tres grados de separación -es decir, el círculo se rompe en los amigos de los amigos de mi amigo- y su intensidad varía según la naturaleza del fenómeno. En el caso de "la felicidad", por ejemplo, quien ejerce el mayor efecto es el mejor amigo. Lo sigue el amigo del mejor amigo. Bastante más lejos aparece la propia pareja y los hermanos, mientras que el poder de un vecino del barrio es igual a cero.

Con el peso ocurre un fenómeno similar. La posibilidad de sufrir obesidad es de un 57% si la padece un amigo; 40%, un hermano, y baja a 37% cuando se trata del marido o la señora.
Sin embargo, no todos parecen estar de acuerdo con estos postulados.

El sicólogo y Nobel de Economía Daniel Kahneman dijo a The New York Times que le parecía improbable la tesis de Christakis. ¿Cómo es posible que un extraño sea más determinante que mi mujer? Preguntó. El autor del estudio se defendió argumentando, también en el The New York Times, que se trata de una cuestión de género: es más fácil que me identifique con la forma de comer de una amiga que con la de mi marido. "Las mujeres se miran en otras mujeres, y los hombres en otros hombres", afirmó el investigador. Aquí operarían las llamadas "neuronas espejos" que, según estudios de la U. de Tübingen, Alemania, determinan que entre más intensa es la expresión facial, mayor será la emoción de quien la observa.

También en la línea propuesta por Christakis, el sociólogo de la U. de Columbia, Duncan Watts, cree que la influencia social es propia de la especie humana desde el momento en que está determinada por fuerzas externas a nuestro pequeño círculo íntimo.

La sicóloga social y profesora de la Universidad del Desarrollo Adriana Palacios, va más allá y dice que para entender lo que postula Christakis, es necesario diferenciar nuestro ámbito privado del público. En el dominio del espacio público -donde se juegan los roles laborales, sociales, estudiantiles y profesionales-, los agentes externos condicionan las "formas" como salimos a enfrentar el mundo de afuera. Sería un asunto de supervivencia adaptativa y que en el siglo XXI tienen que ver con el consumo, los estilos de vida exitosos y nuevas modas de comunicación como Facebook. Sólo piense, ¿quién fue la primera persona que lo invitó a unirse a esta red?